
Realidad en colores
Desiertos, calles, autos, ventanas, cuidad, campos sembrados, objetos y paisajes sin intervención son las temáticas que aparecen en las fotos de William Eggleston. Este fotógrafo nacido en 1939 en Tennessee, Estados Unidos, captura las cosas en su más nítida realidad, muchas veces sin que nada la justifique. Sus fotografías muestran trozos de la vida en su estado natural, una realidad donde aveces no sucede nada más que ser y estar ahí.
Eggleston es ampliamente acreditado con el reconocimiento de la fotografía en color. En 1966 comienza a utilizarla convirtiéndose así en un explorador en potencia de las posibilidades que ofrece el color en la fotografía. Por esta razón, se le considera un pionero en la recuperación de la fotografía en color, que había caído en desuso por la deficiente fijación de sus tonos en el papel y por su supuesta incompatibilidad con los intereses artísticos y formales de la imagen fotográfica que prefería el blanco y negro.
Hijo de un ingeniero fracasado y una madre hija de un juez local, Eggleston fue un niño introvertido e inusual entre sus pares. Desde pequeño evito el juego masculino como las actividades de caza o deportivas, siempre tuvo una tendencia a las actividades artísticas y de observación del mundo que le rodea.
Su interés por la fotografía se remonta a 1962, cuando se ve seducido por el descubrimiento de la obra en blanco y negro de Henri Cartier-Bresson y Walker Evans, pero unas años más tarde se dedicó a explorar en la fotografía a color capturando el paisajes y la vida en su estado puro y sin ningún apoyo, característica que ha llevado a muchos calificar su trabajo visual como fotografías puras y banales.
Su obra atrae la atención del público por primera vez en la década de los setenta, cuando es mostrada en diversas exposiciones, y de forma especial en 1976, cuando el MoMA de Nueva York inaugura una gran exposición en su nombre: William Eggleston’s Guide. En ella presenta 75 instantáneas de colores extremos y contrastados en las que se recoge su mirada sobre la vida cotidiana del mundo rural americano, siguiendo su tendencia de captar la realidad como al pasar, capturar la vida concentrándose en los objetos, la ropa, las construcciones, los adornos, en definitiva, en el pasisaje en el que viven los seres humanos. Así es que podemos calificar sus fotografías de banales o de extraordinarias o como piezas de la realidad, sin olvidar su máximo aporte y reconocimiento: aplicar el color.





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